Ni cuándo le digo cosas lindas, ni cuándo me enojo con el.
Nunca me dice nada ,
pero tiene unos ojitos que saben decir mucho.
No le gusta mucho que lo abracen ,
pero todas las noches duerme pegado a mi espalda.
Se siente seguro.
Juega cuándo el quiere, no cuándo quieren jugar con el. Le gusta correr de punta a punta , cómo si buscara alguna parte de la casa que antes no haya visto.
Para el siempre es fiesta cuándo vuelvo de trabajar .
Nunca me dice nada, pero cuándo me mira tiene ese brillito en los ojos de agradecimiento, de felicidad. De sentirse un gran danés cuándo lo abrazo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario